Abrimos el lente. Ajustamos el foco. dejamos entrar la luz y encuadramos la realidad análoga para mirar la imagen como herramienta crítica.
Esteban Pérez, desde la reportería gráfica, observa los cuadros de ciudad con una mirada clínica, que más allá de capturar, revelan. Su trabajo transita entre la fotografía de calle y la documental, generando con cada disparo, un obturador de contrastes e impresiones enmarcadas, que recoge luces bajas, sombras densas, cuerpos en movimiento, líneas expresivas historias y fragmentos de resistencia, que habitan lo político, lo social y lo cotidiano, pero sobre todo, lo humano.
Aquí, la imagen no es superficie: es profundidad de campo.
No es ornamento: es exposición real.
Desde el diafragma, ese ojo mecánico que regula la entrada de la luz, Esteban construye escenas donde la ciudad se desnuda en capas: movimientos, gestos, tensiones, acciones y silencios. Cada plano es una lectura de acuarelas lucidas, cada encuadre una postura, una decisión.
La fotografía después de esta mecánica humana, deja de ser estética para convertirse en acto político. Un acto que enfoca lo invisible, que subexpone lo evidente y sobreexpone aquello que el ojo social del transeúnte, del ciudadano de a pie, suele ignorar.
En esta práctica, la cámara documenta técnicamente: toma posición. Se instala en el territorio, resume su exposición, midiendo la luz del acontecimiento, y el instante perfecto, donde la realidad análoga se manifiesta sin permiso, solo con la luz.
Lo que aparece en imagen más allá del registro: es memoria en construcción, desde el pixel o el negativo, un archivo vivo del tiempo. Negativos que revelan las diapositivas en movimiento, huellas de la aldea social.
🎞️ Píllate el videocast y escucha, en voz del protagonista, cómo la imagen se convierte en memoria colectiva; fotografías vivas que, al revelarse, se transforman en enunciaciones políticas.
miércoles, 29 de abril de 2026
SECRETARIO DE CULTURA EN SUBA
| UNA PRONUNCIADA CHARLA BARRIAL
9 ABRIL 2026
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La localidad de Suba recibió la visita
del secretario de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, Santiago Trujillo,
en lo que se consideró una cita pendiente, sino una charla barrial con el
territorio. El objetivo: hablar del fomento cultural en la ciudad y la
localidad, pero sobre todo escuchar de primera mano las voces de la comunidad,
sus inquietudes, críticas y apuestas en torno al arte, la cultura y el
patrimonio.
Durante el encuentro, el secretario expuso las principales líneas
de fomento del Distrito, destacando programas como el Programa Distrital de Estímulos, “Barrios Vivos”, proyectos en red, ecosistemas culturales,
infraestructuras culturales, entre otros, así como la Ley de Espectáculos
Públicos, enfocada en la construcción, dotación, compra y circulación de
escenarios, abriendo la discusión sobre la necesidad de salas polivalentes y
modelos de equipamientos culturales en los territorios.
Otro de los puntos abordados fue el de BibloRed, donde se mencionó
el comportamiento histórico del presupuesto y la relación con las bibliotecas
comunitarias, tema que posteriormente generaría varias intervenciones críticas.
Sin embargo, más allá de la presentación institucional, se tomaron
la palabra los líderes y lideresas del territorio:
| ESCUCHA LA CHARLA COMPLETA AQUÍ
Desde el Consejo Local de la Bicicleta, Pablo Garzón propuso la
creación de un museo permanente de la bicicleta. Por su parte, el músico Juan
Fernando Ramosinsistió en la necesidad de abrir mayores oportunidades para los
artistas locales, mientras que ciudadanos como Otoniel Díazparticiparon
sumando inquietudes generales.
Las preocupaciones sobre el estado de las bibliotecas comunitarias
fueron reiterativas. Sonia González, promotora de lectura de la biblioteca
comunitaria “La Montaña Mágica”, denunció la reducción del presupuesto,
señalando un debilitamiento del sector.
Desde la escuela Mapacues,Jorge Páez analizó las limitaciones
del programa “Barrios Vivos”, especialmente en la manera en que se han
concebido los hitos culturales, destacando su tránsito de procesos de creación
hacia enfoques más centrados en la circulación.
En la misma línea crítica, Jorge Riaño, de la Casa de la Culturade Ciudad Hunza, cuestionó el direccionamiento de recursos hacia procesos que,
según él, no responden a las dinámicas patrimoniales del territorio ni de los
procesos.
Las voces del movimiento hip hop también se hicieron presentes. El
B-Boy Hans planteó la posibilidad de realizar un evento mundial de hip hop en
Colombia, reuniendo a leyendas del género.
Desde la comunidad muisca, Jonathan Sánchez recordó los pactos y
acuerdos adelantados con instancias como el DRAFEy el CLAP, recordando
propuestas como el fortalecimiento de la Casa de la Cultura de Suba y la
creación de un museo que rescate las memorias ancestrales, individuales y colectivas del
territorio.
El director de la Biblioteca Julio Mario Santo Domingo expuso las
posibilidades que ofrece este escenario público-privado para la comunidad,
mientras que Adriana Rodríguez, ciudadana del sector oriental y de la Fundación
Samar, solicitó mayor presencia institucional en esta zona de la localidad.
Las críticas más fuertes giraron en torno a la implementación de
programas y la relación institucional con la comunidad. Yuri Andrea Vela, de la Corporación Casa de la Cultura Juvenil El Rincón, recordó acuerdos incumplidos y cuestionó la
falta de cercanía de la administración con los procesos comunitarios,
especialmente en el uso de escenarios públicos y el abandono de las bibliotecas
comunitarias.
Por su parte, Mauricio González, de Chipacuy, denunció
afectaciones por robos reiterativos al proceso y organización cultural,
solicitando apoyo y acompañamiento institucional en temas de seguridad. En
paralelo, Germán Amaya del colectivo de Artesanosseñaló inconsistencias en los programas del sector
artesanal, cuestionando los criterios de selección.
William Patiño, también de la Corporación Casa de la Cultura Juvenil El Rincón, más
directo: denunció imposiciones por parte de funcionarios y dinámicas que, según
él, terminan beneficiando más a operadores que a los procesos culturales del
territorio. Así mismo, el olvido en el que se encuentran las casas de la
cultura, aun cuando existen normas y decretos que dan líneas hacia al fortalecimiento. Además, cuestionó el papel de Fundalectura en relación con las
bibliotecas comunitarias.
Desde los medios comunitarios, Rowinson Pérez planteó una
reflexión sobre las tensiones entre la “cultura del proceso” y la “cultura del
proyecto”, evidenciando una discusión de fondo sobre el sentido mismo de la
gestión cultural en lo público, pero también dejando ver cómo estos ejercicios
se han vuelto elementos de disputa.
Como cierre, el secretario Santiago Trujillo se comprometió a
recoger las inquietudes expuestas, con el propósito de dar respuestas concretas
o acompañar las propuestas surgidas desde la comunidad y continuar construyendo
ciudad.
Esta jornada, desarrollada en la nueva Casa de la Cultura de Suba, deja
una radiografía clara: la cultura en el territorio no solo se gestiona desde la institucionalidad, sino que se construye y se tensiona, con
disensos y consensos, desde las voces vivas de quienes la habitan. Suba, en
este diálogo y charla barrial abierta, empieza a delinear con mayor claridad en
qué punto han de encontrarse las dinámicas de la localidad y del propio
territorio en una verdadera juntanza comunitaria.